El lunes 1 de octubre comencé mis vacaciones con el vuelo Ezeiza Salta por Aerolíneas Argentinas.
En lo posible elijo salir desde allí por dos razones. Una, porque vivo en zona oeste, en Castelar, y a la madrugada no tardo más de media hora, además de evitar la General Paz. Segundo, porque suele ser un aeropuerto menos conflictivo en cuanto a cuestiones gremiales y meteorológicas.
Llegamos temprano y como sólo viajamos con carry on (ustedes saben que soy fanática de viajar liviana y salir rápido de los aeropuertos) pasamos seguridad y fuimos a desayunar. Lamentablemente el sector de vuelos nacionales de Ezeiza es bastante aburrido, no hay ningún vip ni ningún local donde entretenerse un rato. Además, la oferta gastronómica se reduce a un solo local, con lo cual las filas son bastante largas.
El embarque fue súper puntual. Subimos al micro (aquí los vuelos no son por manga). Esto tiene su parte positiva: ves los aviones de más cerca y podés sacar buenas fotos 😉
Salimos unos minutos antes.
El avión era un Boeing 737 NG Next Generation de sólo tres años de antiguedad y que tenía la matrícula LV- FYK.
Cuando alcanzamos la altura crucero pasaron con el servicio que esta vez incluyó un alfajor de chocolate Tofi. Cuando lo subí a Twitter, muchos se sorprendieron. En realidad, como el vuelo era de dos horas, correspondía servir algo. Si los vuelos son de menor duración hay sólo servicio de bebidas.

En la aproximación final ya pudimos empezar a disfrutar de los paisajes salteños.
Fue un vuelo súper tranquilo. Llegamos también varios minutos antes , tal como me indicaba Tripcase , una de las apps que uso para saber si mi vuelo está en horario

Espero que hayan disfrutado esta crónica del vuelo Ezeiza Salta y que les contagie las ganas de seguir viajando.
En los próximos posts ya les voy a contar sobre el camino a Cachi y lo que estuve visitando en Salta ciudad.