Los otros días me llegó al mail un artículo con un título muy sugerente: Manual de instrucciones para volar con elegancia. Además de instructiva, especialmente para quienes viajan por primera vez en avión, es una interesante reflexión sobre lo que ya NO es volar. Y también sobre qué es volar con educación.

Su autor, el periodista Andrés Rodríguez de El Español, va desgranando con gracia y elegancia (justamente) las cuasi oprobiosas condiciones en que volamos, dando por implícito el glamour perdido.

Fui marcando aquellos fragmentos que me parecieron más significativos.

Las condiciones son adversas. Volar hace tiempo que dejó de ser un placer y se ha convertido en una experiencia estresante. 

Como en muchos otros órdenes de la vida actual, volar con elegancia implica gastar miles y miles de pesos en pasajes en clase business o si no nos da el bolsillo, adaptarse a lo que hay. Está bien que ahora volar sea más democrático pero la democracia no implica aguantarse cualquier cosa.

El colapso de nuestros aeropuertos, y también de los internacionales, empuja a un único consejo: volar cuando y a donde los demás no vuelen, pero esto no siempre es posible 

Huelgas, protestas, asambleas, sobreventa, retrasos. Todos ellos ocurren casi sin dudar, a las puertas de un fin de semana largo o inicio de vacaciones, ya sea porque es la forma de llamar la atención sobre un reclamo o porque la cantidad de pasajeros hace todo más complicado. Claro que no todos pueden darse el gusto de viajar en temporada baja, pero, en mis años de viajera, aprendí que es más probable evitar los problemas si viajás muy muy temprano, o muy tarde… a esas horas no hay movileros de televisión y está todo más organizado. Viajar un martes o un domingo, también suele ayudar.

Nada más llegar cámbiate de ropa. Lávate la cara y los dientes. El mundo se divide entre los que se bajan de un avión como si saliesen de casa y los que llegan como si les hubiesen dado una paliza.

Los que tenemos unos años ya y recordamos viejas épocas, nos negamos a viajar hechos unos zaparrastrosos. Se puede viajar cómodo sin perder elegancia, especialmente si no hacemos un viaje muy largo.

Factura. Ve a contracorriente. La mayoría de los viajeros no facturan para llegar antes, pero eso no es así. Ahora, como nadie factura los equipajes, salen antes. Uno de los momentos más estresantes es no saber si tu equipaje de mano cabrá en cabina o si te bajarán la maleta. Factura y lleva una pequeña bolsa de mano con el Ipad o tu libro. No olvidar nunca los auriculares, son fuente de aislamiento.

Al embarcar intenta entrar el primero o el último. Como habrás facturado, aunque tu maleta sea pequeña, no tienes que correr.

Este párrafo fue el que más me dejó pensando. Es cierto, por ahorrar un rato a la salida y a la llegada, tenemos que vivir los nervios de si va a haber lugar en los portaequipajes, hacer fila cuando el avión todavía ni salió de su destino hacia nuestro aeropuerto para subir primero y encontrar un huequito para poner nuestra valija.

Y acá es donde interviene lo de volar con educación. Si cada uno pusiera solamente su valija, seguramente habría lugar para todos. Pero sí querés poner la carry on, la campera, llas 10 botellas de vino más las 6 cajas de alfajores que compraste, va a ser difícil.

Aerolíneas Argentinas ahora te obliga a pasar por el mostrador para chequear el peso y la cantidad de bultos que querés llevar con vos. Lo que antes implicaba la facilidad de no pasar por el mostrador a despachar, ahora nos obliga a hacer fila igual. La culpa es de Aerolíneas? No, la culpa es de quienes se quieren aprovechar. Y como siempre, pagan justos por pecadores.

Fíjense que las low cost te cobran igual o casi igual por llevar la valija con vos que por despacharla. Por la sencilla razón de que su negocio está en no perder tiempo y cien tipos tratando de acomodar los alfajores no hacen más que hacérselo perder.

Si Dante hubiese podido volar habría descrito el control de seguridad como la puerta del infierno. Mi consejo, se educado, muy educado, ultra educado. Da los buenos días, sonríe, vuelve a sonreir, factura y una de las cosas más importantes: no lleves “tomates” en los calcetines. Yo, es lo primero que miro en los pies de los demás.

Mabel, llevás diez collares, reloj gigante, cinturón con tachas y botas con cadenitas. Más vale que va a saltar el escáner por los aires. No te enojes con los de seguridad, guardá los collares y las tachas en la valija para lucir en tu destino y no en el avión.

La mayor parte del pasaje ni sonríe a la tripulación.

No sería nada que ni sonríe! ni saluda! Los tripulantes son gente que está trabajando, que muchas veces no lo hace en las mejores condiciones. Sí, claro, así como vos ya no viajás como antes, ellos tampoco trabajan como antes.

Y te aviso que no te sientas superior por viajar en avión, hoy en día viaja casi cualquiera, sí sí, cualquiera… como vos, como yo. Volar con educación también es saludar .

No cuesta nada un buenos días, buenas noches o lo que sea.

Durante el vuelo. No aplaudas. Lleva siempre un jersey a mano. No se te ocurra entrar con el reposa cabezas puesto. Cuando aterrices espera a que los demás salgan.

Cuestión que divide aguas eso de aplaudir o no al aterrizar. Será el miedo atávico del ser humano a volar? Nadie aplaude al chofer del micro cuando llega, ni al maquinista del tren pero sí muchos al piloto.

Estoy de acuerdo en esperar, pero quizás haya gente que necesite salir más rápido. En esos casos, lo importante es pedir permiso y no decapitar a nadie bajando la valija del bin.

Y al sentarte no te descalces, piensa en tu compañero de asiento.

Este sí que sería el ejemplo típico de volar con educación.

No te desgastes en broncas con el empleado del mostrador, está entrenado para situaciones así, si lo observas veras que no sufre con la cancelación porque es su oficio. Mantente al margen de las trifulcas, las reclamaciones: por email y al día siguiente, ya desde tu casa.

Otro ítem más donde vemos la decadencia de muchas sociedades. Por más entrenado que esté el empleado, es una persona que merece respeto. No tiene la culpa del 99,99% de los problemas que se presentan en un vuelo. Es más, tratarlo educadamente lo va a predisponer a solucionar más pronto el inconveniente. El conventillo no es buen consejero.

Si llegaron hasta acá, gracias por haberme acompañado en estas reflexiones sobre volar con educación. Ahora me encantaría leer las suyas.